Siguiendo dos vestidos amarillos

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 Tras horas de trabajo en la computadora, busqué descanso navegando por la lista de títulos de documentales y películas cortas de la aplicación Internet IndieFlix, en donde me encontré con SweatShop Deadly, un documental de 54 minutos que a primera vista me pareció superficial y fácil de digerir por lo que decidí distraerme de temas de trabajo con algo que parecía trivial.

La imagen del documento elegido mostraba dos jovencitas en llamativos vestido amarillos sosteniendo anuncios con cantidades numéricas, lo que imagine era el precio de algo. La sinopsis del tema hablaba de tres jóvenes blogueros especializados en temas de moda que habían pasado un mes viviendo en Camboya. La etiqueta mostraba que era una producción extranjera realizada en Francia. Todos esos detalles pasaron desapercibidos al momento de elegir,  lo único que ví fueron dos vestidos amarillos, el color de la felicidad. Por unos momentos mi mente dejaría el trabajo serio y responsable para dejarse llevar por la atracción del color amarillo.

Apreté el botón y la cinta corrió (Internet). Inició tal como lo imagine, fácil, frívolo, sin sustancia. Presentaban a tres  jóvenes de un máximo de 18 años de edad, quienes hablaban de las cantidades monetarias que gastaban en ropa -más de $600 euros al mes-, además de admitir que muchas veces no llegaban a ponerse los artículos al darse cuenta más tarde que no eran de su agrado.

Mi mente empezaba a trabajar cuando suponía ser merecedora de un descanso. A punto de cambiar de “canal”, la tercera joven llamada AnniKen, acaparó mi atención, contaba con 17 años, anunciaba ser responsable del blog más leído en Noruega, donde escribía de modas y maquillaje “es lo que me interesa”, agregaba. Mientras sus palabras eran ilustradas con imágenes de su guardarropa y una larga fila de zapatos, presumía tener 10,000 lectores visitando sus páginas y 81,864 seguidores en Instagram. Para cerrar con broche de oro su introducción, afirmaba que gracias a esos logros, ahora recibía grandes cantidades de prendas de vestir sin gastar un centavo de su bolsa.

Puse atención. Pensé que esta era mi oportunidad para descubrir nuevos trucos que encierra la nueva media, para algunos; redes sociales, para otros. Con esta idea decidí quedarme unos minutos más con ellos, sin recordar que la descripción del documental hablaba de que los personajes principales, habían pasado a ser parte integral de la forma de vida de los trabajadores de las maquiladoras en Camboya. Olvido que duro poco tiempo.

Redes Sociales, lujo, moda, comodidad y vida despreocupada desaparecieron tras las presentaciones de los personajes centrales para dar paso a la impactante forma de vida entre los obreros de Camboya, a quienes se mostraba como trabajadores de tiendas de ropa reconocidas en diversos países, entre las que se mencionaba, H&M. Para reflejar las circunstancias existentes, los tres jóvenes europeos debieron despojarse de su glamour y comodidad para convertirse no solo en obreros, sino pasar a integrarse al estilo de vida camboyano durante un mes.

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De esta manera comienza la aventura, la cual incluye el vivir con una familia camboyana que se desempeña en las maquillas, los protagonistas mismos se convierten en obreros a fin de vivir la actividad con el ritmo, condiciones y salario que conlleva; además de sobrevivir con un salario de $3.00 dólares por día, que es lo que gana un obrero en Camboya tras 12 horas de trabajo,  algunos de ellos con décadas de servicio.

Mi ejercicio de relajación mental había terminado. El color amarillo me traiciono y por mi cabeza pasaban numerosas ideas. Resultaba fácil envolverse en el drama de la explotación del cual estaba siendo testigo y que me llevaba a pensar en las condiciones en que viven los obreros de otras tantas partes del mundo; donde el respeto por la mano de obra y el trato digno a las necesidades de cualquier ser humano, no existen.

 Es  reacción natural culpar la “maldad” y “deshumanización” de lo que otros hacen, sin embargo, hoy en día resulta fácil comprobar que en verdad el mundo está conectado e interactúa; cada vez estamos más cerca, los unos de los otros. Nuestro comportamiento la mayoría de las veces responde a un estímulo.

Es decir, estas maquinadoras en Camboya o en cualquier otra parte del mundo, existen al haber producción, esa producción no se distribuiría sino hubiera consumidores; por tanto, toca al último eslabón de la cadena,  los consumidores, decidir la adquisición de un producto. El éxito de una buena compra, gran parte de las veces se basa en una buena información .

 Al igual que investigamos la información de cómo se “prepara” o cuales son los componentes en la elaboración de los alimentos que consumimos y sus resultados en nuestro cuerpo; de esa misma forma debemos informarnos de otros tantos artículos que adquirimos. Si en verdad nos indignan las acciones de otros, debemos ser parte activa del cambio para salir de ese círculo vicioso del que todos, en cierta medida, TODOS somos responsables. Pero como esas acciones requieren conciencia y esfuerzo, es mucho más fácil la crítica pasiva (culpar a otros), pensar frívolamente y escoger el color amarillo para vivir feliz.

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