París Entre la Luz y el Amor

París

Una de las ciudades mas visitadas a nivel mundial es París de acuerdo a un artículo citado en el York Times:

“París es la ciudad más visitada del mundo, y una de las más conservadas, pero también tiene […] tesoros perdidos…” (1)

Mientras que para algunos es reconocida con el sobrenombre de La Ciudad Luz, para otros, París representa la ciudad dedicada al amor. Sin embargo, no hay un consenso entre los admiradores de esta ciudad sobre cual es la frase que mejor describe la personalidad de este renombrado lugar. Por sus antecedentes históricos, sus hechos culturales y por experiencia  personal, París merece ser reconocida como “La Ciudad Luz”.

 Existen tres teorías sobre el por qué ha sido calificada como la Ciudad de la Luz o “La Ville Lumiére”. La primera de ellas, establece que fue la primera ciudad Europea en instalar el sistema de luz eléctrico en el siglo XVII,  realzando sus imponentes construcciones con una luz propia lo que impresionó a visitantes, quienes estuvieron a cargo de dar a conocer sobre la experiencia,  tras haber sido testigos del primer alumbrado público a nivel mundial, mismo que les ofreció un espectáculo nunca antes visto. Tal hecho puede ser comparado en el presente, al panorama que ofrece el río Sena con sus atardeceres y puentes alumbrados que sirven de marco a las aguas que corren a lo largo de la ciudad.

Hay una segunda versión por la que se identifica a París como La Ciudad de la Luz, ésta corresponde al fenómeno cultural que surgió en el Siglo XVIII conocido como la Ilustración. Este fue un destacado movimiento intelectual que dio paso a una renovación cultural, ideológica y  política que esencialmente traía consigo nuevas ideas con cambios progresistas. En esa época, París fue reconocida como la capital mundial del arte, la filosofía y pionera en los cambios en el pensamiento político. Todo ese movimiento dio origen a personajes que más tarde revolucionarían los diversos ámbitos de la educación, incluyendo la economía y las letras, tales como Voltaire, Diderot, Montesquieu y a principios del siglo XIX  en el mundo de las letras, se reconoce el nombre de Victor Hugo. A ese periodo se le llamo: “El siglo de las luces”.

La última de las tres teorías por lo que se cree que París es conocida como la ciudad de las luces, se atribuye al hecho de que a mediados del Siglo XIX en 1830, se instauró en esa ciudad el alumbrado a través del sistema de gas. Lo que para la época de aquel entonces, presenciar el alumbrado de casas, comercios y calles de la cuidad parisina a un mismo tiempo, cautivó a propios y extraños quienes por primera vez habían tenido la oportunidad de contemplar semejante maravilla cuando en otras partes del mundo no contaban con luz.

Cualquiera que sea el argumento que se elija de los tres anteriores para respaldar a París como La Ciudad de las Luces, ninguno estará equivocado, pues realmente esos hechos impactaron la vida parisiense, principalmente la segunda tesis, la que hubo oportunidad de comprobar. Al estar en París no toma mucho tiempo percatarse de sus múltiples actividades culturales, siendo las más accesibles y perceptibles la lectura, el teatro y el arte en general. En París existen numerosas librerías para todo tipo de lector, desde las que venden textos de segundo uso hasta las tiendas con libros de temas especializados; todas ellas llenas de usuarios ávidos de consumir un nuevo relato. Asimismo, abundan pequeños espacios en donde se promueven diversas expresiones culturales a bajo costo. Los anuncios sobre producciones cinematográficas locales abundan siendo escasa la presencia del cine americano. En los famosos cafés y bares franceses además de abundante vino y tabaco, la presencia de la lectura es imprescindible para los asistentes a esos lugares quienes hasta la fecha lo hacen a través de la presencia física de un libro a diferencia de países como Estados Unidos donde gran parte de las lecturas ocurren a través de tecnología . La “luz” en busca del conocimiento es palpable en París.

Por otro lado, no existen razones de peso que sostengan a París para que se le adjudique el título de Ciudad del Amor. Uno de los pocos argumentos que la respaldan para tal definición, es su singular estilo arquitectónico con imponentes construcciones barrocas que sin lugar a dudas demuestran el poderío que resalta de ese estilo el cual se puede comprobar a través del Museo Panteón. Así también  está presente el elegante y complicado estilo gótico en la Catedral de Notre Dame, o los atardeceres a la orilla del Río Sena, los cuales se caracterizan por proyectar una variedad de colores reflejados en el cielo los que se forman ante la caída del sol, al mismo tiempo que el agua corre por debajo de los puentes colgantes. Mientras que por su parte la Torre Eiffel es el marco perfecto, altivamente erguida a la orilla del Río Sena, como monumento de hierro que cuenta con sus 324 metros de altura siendo uno de los principales atractivos turísticos desde donde se transmiten programas de radio y television.

Pese a toda la belleza arquitectónica que caracteriza a la ciudad de París, no hay razones suficientes para reconocerla como la Ciudad del Amor. Resulta injusto para otros países que también cuentan con sus propios lugares y bellezas naturales -e innumerables sitios que a muchos resultarían  románticos-, dejarlos a un lado para otorgarle tan preciado título tan solo a un país. Cuando por ejemplo, Japón cuenta con su propio romanticismo traducido en sus jardines naturales o, mismo México, con su herencia colonial como las sentimentales calles de Guanajuato. Más sin embargo, por su propia historia, invaluable atractivo arquitectónico y propio sello cultural, París tiene bien merecido ser llamada “La Ciudad de la Luz”.

Sin duda alguna, el haber sido la primera ciudad europea en alumbrar sus calles, edificar monumentales construcciones donde el arte y diseño se manifiestan en toda su expresión, a lo alto y ancho del territorio, así como también la aportación de sus filósofos y hombres de letras  a la humanidad, haciendo que resonaran a nivel mundial nombres como los de Voltaire, Victor Hugo y junto con ellos el desarrollo del intelecto. Por todo lo anterior París bien merece ser reconocida como: La Ciudad de la Luz.